A la rica compra-venta. Venta de segunda mano.

¿Tienen en mente esos mercadillos estadounidenses que tanto aparecen en las películas en las que las familias expanden en varias mesas situadas a lo largo del jardín todos esos objetos que ya no quieren para venderlos a los vecinos y demás transeúntes que estén interesados? Esos mercadillos existen de verdad. Las familias americanas de vez en cuando hacen una limpieza de la casa y ponen a la venta todos esos objetos que siguen siendo útiles pero que ellos ya no quieren.

Aquí en España, cuando se hacen limpiezas generales en los hogares, la tendencia es tirar a la basura los objetos en desuso o, con un poco de suerte, regalar alguno de ellos a algún familiar o amigo que sabemos que le gustaría. Regalarlo está bien, pero tirarlo, ya no tanto.

Mercadillo de segunda mano

Mercadillo de segunda mano

No es que quiera importar ahora los mercadillos de los porches estadounidenses (ya bastante hemos importado de dicho país), pero aquí tenemos otra vía, y son las páginas Web y los portales de compra venta y los periódicos locales. Este sistema tiene dos ventajas importantísimas: Una es el ahorro de las familias, tanto para las que venden, que pueden usar el dinero recuperado para nuevas compras, como para las personas que compran, que pueden adquirir algo que necesitaban y a un precio mucho más rebajado. La otra ventaja es que esto ayuda al mantenimiento del medio ambiente. El continuo consumo de nuevos productos obliga a la continua fabricación de estos. Dando más vida y uso a los objetos también se da un pequeño respiro al medio ambiente.

Otra opción es la venta de la ropa a tiendas de segunda mano. Casi toda ciudad cuenta con establecimientos de ropa ya usada, la cual está ahora muy de moda, por aquello del estilo ‘Vintage’ que muchos siguen. En dichas tiendas suele llevarse la venta al kilo, aunque a veces sí que vienen los precios marcados en cada prenda individual.

Ahora bien, a la hora de seguir esta práctica hay que recordar que se pueden vender las cosas que ya no se usen porque no se necesiten, pero no porque ya estén tan viejas que sea imposible usar, lo cual son dos conceptos distintos. Pongamos como ejemplo una familia que tiene un hijo y no planea tener más. El carricoche, la cuna, la silla de paseo, la primera bicicleta, sus libros de lectura o sus prendas de ropa son objetos que en la mayoría de las ocasiones se conservan bien y a los que no se les puede dar más uso, cuando el crío crece, por lo que venderlo sería una opción interesante.

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